Soy una anémona

perennemente formándose en lo informe, autorreferida, autoverificada (o, sencillamente, descansando vuelta de espaldas), adoradora del poco conocido fulgor de la incertidumbre,
perezosa como las babas de un soñador impenitente y, por el momento y como debe ser,
ajena a mis más graves y a mis más estúpidas inquietudes.
Soy una anémona viscosa, deslucida, de tacto infame, y aspiro a que ni mucho menos me entiendas ni tú ni nadie. Y eso sí que será un verdadero descanso. Ya lo creo.